Cada día, los gerentes se enfrentan a una serie de decisiones, grandes y pequeñas. La rapidez con la que se toman esas decisiones puede tener un impacto significativo. Sin una toma de decisiones rápida, se pierden oportunidades, se desperdicia el tiempo y aumentan los costos, y las empresas se vuelven más vulnerables ante la competencia.
Dentro de una cultura de trabajo transparente, en la que las personas tienen acceso a la información, el conocimiento y los recursos que necesitan, la posibilidad de una toma de decisiones coherente y rápida aumenta considerablemente. Y aunque se necesita un esfuerzo para mantener un entorno abierto y honesto en el que la toma de decisiones rápida sea la norma, vale la pena hacerlo. La toma de decisiones rápida puede ayudar a transformar tu empresa.
Por qué es importante tomar decisiones de forma rápida y coherente
Ser capaz de tomar decisiones acertadas sin dudar, vacilar o procrastinar es casi como un superpoder. Mientras que la mayoría de la gente da vueltas considerando sus opciones, los que se sienten más cómodos tomando decisiones rápidas cumplen los plazos, obtienen resultados y se destacan.
A pesar de sus muchos beneficios, la toma de decisiones rápida no es natural para la mayoría de nosotros. Un reciente informe de McKinsey sobre más de 1200 gerentes indica que el proceso de toma de decisiones rápidas no es algo que fluya. Consideremos esto:
- Solo el 20 % de los encuestados dice que sus organizaciones son buenas en la toma de decisiones.
- Menos de la mitad de los encuestados afirma que las decisiones se toman de manera oportuna.
- El 61 % afirma que al menos la mitad del tiempo dedicado a tomar decisiones es ineficaz.
Los costos de oportunidad asociados a no tomar decisiones rápidas de manera coherente son asombrosos. Según ese mismo informe, para una empresa típica de la lista Fortune 500, se desperdician unos 530 000 días del tiempo de los gerentes al año, lo que equivale aproximadamente a $250 millones en costos laborales.
La investigación también sugiere que la toma de decisiones rápidas y de buena calidad está estrechamente relacionada con el rendimiento general de la empresa. Esto va en contra de la idea de que la toma de decisiones coherente implica una deliberación constante. Los encuestados también revelaron que las organizaciones conocidas por tomar decisiones rápidas tienen el doble de probabilidades de tomar buenas decisiones que las que actúan con lentitud.
Las ventajas de tomar una decisión rápida son obvias, pero cómo aprender a mejorar rápidamente la toma de decisiones rápidas no lo es. A menos, claro está, que se utilicen los métodos adecuados.
Cuatro claves para una toma de decisiones rápida
No es sorprendente que la toma de decisiones coherente no sea fácil o natural para la mayoría de las personas. Y cuando se trata de una toma de decisiones rápida, obtener esa habilidad puede parecer aún más difícil de lograr. Pero, al igual que cualquier habilidad, es algo que todos pueden aprender con estas estrategias clave.
1. Consulta la opinión de los involucrados
Muchas veces, las personas equiparan la toma de decisiones buenas y coherentes con la necesidad de una aprobación o consenso generalizado por parte de su equipo. Sin embargo, a pesar de lo agradable que pueda parecer el acuerdo mutuo en el momento, el nivel de compromiso, esfuerzo y limitación que eso requiere tiene un costo. A menudo, lleva a tomar una decisión con la que todos están de acuerdo pero de la que nadie está realmente seguro.
Llegar a una decisión de negocios unánime dentro de cualquier organización también suele ser lento y tedioso. Si tu objetivo es tomar decisiones rápidamente, centra tu atención en las personas que en verdad están involucradas en la elección que estás tomando o que están en condiciones de opinar de manera significativa.
2. Asegúrate de que las reuniones sean productivas
Buscar y reunir a las personas adecuadas para una sesión de toma de decisiones rápida es solo el comienzo. Si esperas un proceso de toma de decisiones rápido y coherente, ayuda a mantener las cosas enfocadas y encaminadas preparando una agenda.
Hay estudios que demuestran que el 63 % de las reuniones se llevan a cabo sin una agenda previamente planificada. Sin ella, las reuniones carecen de un punto focal para establecer el cronograma y la planificación del debate, definir objetivos e identificar prioridades, o enumerar a los asistentes y asignar temas.
Cuando se trata de mejorar la toma de decisiones rápida, una agenda efectiva para las reuniones puede:
- Reducir el tiempo dedicado a la reunión.
- Preparar a los participantes para analizar los puntos a tratar.
- Fomentar la participación reflexiva.
- Dar prioridad a los temas más importantes.
- Registrar los próximos pasos para tomar medidas.
Cuando el debate se desvía hacia asuntos no relacionados o conversaciones aleatorias, la agenda puede reencaminar la conversación al tema tratado.